La memoria operativa, conocida también como memoria de trabajo (del inglés working memory), es el sistema de memoria que permite mantener activa una cantidad limitada de información durante un período corto de tiempo y manipular simultáneamente esa u otra información. Por ejemplo, la memorización de un número telefónico. El concepto de memoria operativa se considera como una definición operacional de la Memoria Corto Plazo (Ruiz-Vargas, 2002). Luego de poner a prueba la hipótesis de la memoria de trabajo, a través de ejercicios de doble tarea en los que se les solicitaba a los sujetos realizar dos tareas concurrentes de recuperación, razonamiento, aprendizaje o comprensión, Baddeley (1998) llegó a la conclusión que la memoria operativa no presentaba sólo un almacén a corto plazo, sino que estaba compuesta por diversos subsist emas o almacenes, cada uno encargado de un aspecto en particular y que son los que, finalmente, permiten la division de las tareas.
Estos subsistemas se detallan a continuación:
1) Ejecutivo central, que cumple la función de control de los procesos.
2) Bucle fonológico, que desempeña una función de almacenamiento y repaso a nivel verbal.
3) Agenda visoespacial, que cumple la función de almacenamiento y repaso a nivel visual.
De los tres subsistemas, el que resulta de mayor importancia para la interpretación es el bucle fonológico, ya que es el encargado de la codificación del lenguaje en la memoria a corto plazo. Posee dos componentes; un almacén fonológico que permite retener información básica basada en el lenguaje y un proceso de control articulatorio relacionado con el habla interna. La evidencia obtenida por Baddeley (1998) demuestra que las huellas de memoria en el almacén fonológico se desvanecen rápidamente y resulta imposible recuperarlas después de uno o dos segundos. Sin embargo, esta huella de memoria puede reactivarse por un proceso de lectura de la misma dentro del proceso de control articulatorio. Para demostrar la existencia del bucle fonológico, el experto centró su atención en realizar diferentes experimentos relacionados con el lenguaje para estudiar los diversos efectos de algunos problemas concretos en los procesos de memoria que son evidencia clara de la presencia del bucle. Entre estos efectos están los de similitude fonológica, en los que se señala que “el almacén se basa en un código fonológico; por lo tanto ítems similares tendrán códigos similares. El recuerdo requerirá discriminar entre las huellas de memoria. Las huellas similares serán más difíciles de discriminar dando lugar a un nivel inferior de recuerdo” (Baddeley 1998:62). Otro efecto es el del habla no atendida, que indica que si un sujeto escucha a otro hablando aunque intente no prestarle atención, el nivel de comprensión o razonamiento resultará perjudicado por este hecho. También está el efecto de la longitud de las palabras, que demostró que los sujetos recuerdan con mayor facilidad palabras cortas o con una menor cantidad de fonemas que palabras largas y que presenta una correlación entre la velocidad de habla y pronunciación de un sujeto y la capacidad de memoria. Finalmente está el efecto de supresión articulatoria, que señala que el funcionamiento del bucle se ve afectado si le pide a un sujeto que pronuncie una serie de ítems simultáneamente con la realización de otra tarea, ya que la pronunciación manifiesta domina el proceso de control articulatorio.
La memoria operativa es de especial importancia para el estudio de la interpretación simultánea, ya que desempeña un rol fundamental en los procesos que en ella ocurren. Podemos deducir que son las habilidades de memoria y atención, ambas de capacidad y recursos limitados, las que soportan una mayor carga y esfuerzo durante el proceso interpretativo, ya que el intérprete debe ser capaz de mantener, de forma casi inconsciente, un control y equilibrio de sus recursos mentales (Padilla, Benítez y Bajo, 1998). Esto se debe principalmente a que el intérprete, como ejecutor único de esta compleja actividad mental, realiza múltiples tareas mentales concurrentes, que Gerver (1971 en Pöchhacker, 2005) precisó de la siguiente manera: el intérprete recibe y atiende una unidad de sentido, también denominada frase preposicional o chunk, y comienza a traducir mentalmente y a formular verbalmente esa unidad de sentido (1). Al mismo tiempo, recibe y atiende una nueva unidad de sentido (2) mientras está aún ocupado en la vocalización de la unidad de sentido anterior (1), de manera que el intérprete debe poder retener la unidad 2 en la memoria antes de comenzar la interpretación; mientras formula la unidad 2, recibe unidad 3, y así sucesivamente.
El modelo de esfuerzo de Gile (1999) señala la necesidad de equilibrio de las capacidades mentales en los procesos de interpretación. Este modelo destaca la división en los procesos de atención y los esfuerzos realizados por la memoria dejando en claro que ninguno de los dos es involuntario y que el intérprete potencia estos no sólo ante las dificultades del discurso, sino que también ante la dificultad grammatical añadida que significa interpretar entre distintas lenguas. El autor, además, parte de la base que los errores en interpretación provienen de una serie de dificultades como son la velocidad del discurso, presencia de términos técnicos, cifras, palabras confusas, mala pronunciación, entre otros, todos aspectos que se pueden relacionar con las investigaciones presentadas por Baddeley (1998) y descritas previamente.
Lambert (1989) explica que somete a intérpretes de conferencias a tareas familiares de escucha, interpretación consecutiva, interpretación simultánea y shadowing, y mide la capacidad de retención de los intérpretes tras cada tarea. Los resultados muestran un mayor porcentaje de recuerdo tras la tarea de escucha y de interpretación consecutiva, las formas más profundas de procesamiento y en donde existe un mayor grado de focalización de la atención, un uso más consciente de la memoria y no hay presencia de tareas paralelas. Sin embargo, en los casos de interpretación simultánea o de shadowing, en los que la atención está dividida entre los procesos de escuchar y hablar, es decir, existe una doble tarea, hay un uso menos consciente de la memoria y por tanto se produce un procesamiento menos profundo de la información. El autor señala, además, que la memoria a largo plazo también está implicada de una manera activa en el proceso interpretativo, ya que supone una adición simultánea al material del almacén de conocimientos del intérprete extraídos de la recepción del mensaje y, al mismo tiempo, implica extracción de conocimientos pertenecientes al bagaje cultural almacenado. Daro (1989 en Padilla, Benítez y Bajo, 1998) señala que la buena ejecución de una interpretación simultánea depende de la habilidad que tenga el intérprete de controlar, diversificar y distribuir su atención en las diferentes tareas paralelas involucradas en los procesos interpretativos (escuchar, analizar, sintetizar y producir). Goldman-Eisler (1972), por su parte, afirma que la atención del intérprete se distribuye entre el mensaje de entrada (input) y su propia producción (output), pero que tiende a focalizarse de manera más consciente en el mensaje de entrada cuando éste es difícil de procesar. Lambert, Daro y Fabbro (1993 en Padilla, Benítez y Bajo, 1998) realizaron un estudio sobre la base del planteamiento de Goldman-Eisler (1972), cuyos resultados demuestran que los intérpretes pueden, si así lo desean, diversificar su atención en aspectos específicos del mensaje verbal de entrada, bloqueando cualquier interferencia de sonido o habla que pudiera ser perjudicial, de manera que si la atención estuviese focalizada conscientemente en una u otra tarea o mensaje, sería incluso perjudicial para la ejecución global de la interpretación.
Es así como un intérprete simultáneo bien entrenado debiese, según Padilla, Benítez y Bajo (1998) dividir su capacidad en dos niveles atencionales en la ejecución de la interpretación simultánea:
1. Nivel que requiere de mayor capacidad atencional, que es el de la recepción o
aprehensión del sentido (procesos controlados en la fase de escucha).
2. Nivel que requiere de menor capacidad atencional, que es el de la formulación
lingüística (procesos semiautomáticos en la fase de reformulación).
En base a lo mencionado anteriormente se puede concluir que el proceso de memoria, sobre todo la memoria operativa, es de vital importancia para los intérpretes simultáneos y que si bien se puede alcanzar un buen nivel de interpretación teniendo un alto nivel de memoria operativa y una competencia léxico-gramatical de nivel medio alto, no será posible alcanzar el mismo nivel de producción con una competencia léxico-gramatical alta y una baja habilidad de memoria operativa.
INFORMACIÓN DEL SOCIO:
Traductor e Intérprete en alemán, español e inglés egresado de la Universidad de Concepción con más de 5 años de experiencia en trabajo independiente y agencias en diversas áreas del conocimiento.
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