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La crucial distinción entre perito traductor y perito intérprete: un imperativo para la eficacia judicial y la economía procesal

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En un mundo cada vez más interconectado, la necesidad de trascender las barreras idiomáticas en el ámbito judicial es innegable. Dentro de este contexto, el perito lingüístico se convierte en pieza clave para garantizar la equidad y la precisión. Sin embargo, en la práctica judicial chilena persiste una confusión recurrente: la solicitud genérica de “perito traductor e intérprete” sin diferenciar la naturaleza específica del servicio requerido. Esta práctica, lejos de ser una mera formalidad, tiene un impacto directo en la eficiencia procesal, en la calidad del trabajo pericial y en el uso óptimo de los recursos judiciales.

Dos profesiones, dos especializaciones distintas

El perito traductor es un profesional especializado en el traslado escrito de textos de un idioma a otro. Su labor exige un dominio absoluto de la gramática, el estilo, la terminología y las convenciones legales, así como la capacidad de garantizar que el documento traducido preserve íntegramente el significado y los efectos jurídicos del original. Este trabajo se desarrolla en un entorno controlado, con acceso a glosarios, diccionarios y referencias especializadas, y requiere tiempo y reflexión para alcanzar la máxima precisión.

Por el contrario, el perito intérprete se dedica a la comunicación oral, ya sea de forma simultánea — transmitiendo en tiempo real — o consecutiva — esperando pausas del hablante —. Su trabajo demanda agilidad mental, escucha activa, memoria operativa y capacidad de síntesis bajo presión. La interpretación se ajusta a las particularidades del discurso oral y busca transmitir el mensaje de forma clara y comprensible en contextos como audiencias, declaraciones, juicios o negociaciones.

Aunque ambas profesiones comparten la base del dominio de dos o más idiomas, sus formaciones profesionales, habilidades, herramientas, entornos de trabajo y productos finales son diferentes. Confundirlas es desconocer la especificidad de cada disciplina.

El impacto de una solicitud precisa

La designación correcta desde el inicio del proceso no es un detalle menor:

  • Optimiza recursos judiciales, evitando reprogramaciones y designaciones duplicadas.
  • Garantiza calidad técnica, asignando el trabajo a un especialista en su campo.
  • Ahorra tiempo, facilitando que el servicio pericial se ejecute dentro de los plazos procesales.
  • Reduce costos, contratando exactamente la competencia requerida.

En casos complejos, ambas funciones pueden ser necesarias. Por ejemplo, un litigio que involucre documentos extranjeros y testigos no hispanohablantes requerirá tanto un perito traductor — para la traducción certificada de los documentos — como un perito intérprete — para la mediación oral en audiencias —. La claridad en la solicitud inicial permite planificar y coordinar adecuadamente el trabajo de ambos, evitando retrasos y malentendidos.

El desafío en Chile

En la actualidad, las nóminas de las Ilustrísimas Cortes de Apelaciones, así como las convocatorias correspondientes, no distinguen entre las profesiones de perito traductor y perito intérprete, lo que obliga a agrupar a ambos bajo una única rúbrica. Esta ausencia de categorización específica propicia designaciones erróneas que afectan de manera directa la economía procesal.

Resultaría altamente conveniente que el Poder Judicial incorporara en sus registros una clasificación precisa que distinga formalmente entre ambas especialidades. Sin embargo, en tanto ello no ocurra, es imperativo que los abogados formulen solicitudes de designación con la debida especificidad. Si la labor requerida consiste en la traducción de un contrato u otro documento escrito, debe solicitarse de forma expresa la designación de un perito traductor. Si, por el contrario, la necesidad es la interpretación en el marco de una audiencia o diligencia oral, la petición debe indicar con igual precisión la designación de un perito intérprete.

Asimismo, hasta que el Poder Judicial no adopte esta separación en sus registros, los abogados deberían velar porque tanto el acta como el correo electrónico de designación consignen expresamente la especialidad requerida. Nombrar a un profesional cuyas competencias no se ajusten a la tarea solicitada no solo genera retrasos innecesarios, sino que también compromete la calidad y la validez de la prueba pericial.

Un llamado a la excelencia

Como peritos y como profesionales del área, tenemos la responsabilidad de velar porque cada tarea sea realizada por el experto idóneo. La distinción entre traducción e interpretación no es un capricho técnico, sino una necesidad operativa y estratégica para que el sistema judicial funcione con eficacia.

Invito a colegas peritos, abogados litigantes y jueces a adoptar esta práctica diferenciada y a exigir precisión en las solicitudes periciales. Solo así podremos garantizar que la justicia chilena se administre con la máxima eficiencia y calidad, superando las barreras idiomáticas sin sacrificar tiempo, recursos ni exactitud.

Katherine Ann Kauffman Jones, socia COTICH n.º 139

Las opiniones vertidas en esta sección son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten, y no representan necesariamente el pensamiento de COTICH o su directorio.

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Me llamaron para una “Depo”. ¿Qué es y qué hago?

Una Deposición o “Depo” es un procedimiento habitual en los Tribunales de Justicia. Consiste en una declaración jurada que se presta en forma oral en presencia de los litigantes en una causa y de un taquígrafo oficial, que realiza la transcripción literal de lo dicho. Aunque el juez no suele estar presente, la declaración así tomada tiene valor judicial.

¿Cómo es el proceso?

Si la persona que declara (el deponente) no habla inglés, deberá intervenir al menos un intérprete. Por la relevancia del asunto, se requiere un intérprete experimentado y profesionalmente habilitado, que garantice que la declaración internacional se realice de la manera más fluida y correcta posible.

En la gran mayoría de los casos, en la “Depo” se utilizará la interpretación consecutiva larga. En esta modalidad, el intérprete espera a que el abogado formule su pregunta o que el deponente la conteste, y luego traduce lo señalado, ya sea al inglés o al español, según se requiera.

Preparación

Lo primero que debe hacer el intérprete al que se le soliciten sus servicios para una “Depo” es evaluar si cuenta con las habilidades y conocimientos necesarios para un buen desempeño, además del tiempo necesario para prepararse.

Un desempeño óptimo exige conocer previamente los antecedentes más relevantes de la causa, como nombres, lugares, fechas y, sobre todo, el vocabulario técnico a emplear. A modo de ejemplo, en Chile las deposiciones suelen girar en torno a complejos contratos de construcción, ya sea de instalaciones mineras, caminos, plantas de tratamiento de aguas y hasta cárceles.

Si la persona que lo contacta no proporciona esta información con el tiempo necesario para estudiarla, es importante advertir que sin esos antecedentes será prácticamente imposible tener un desempeño adecuado.

Sugerencias para un buen trabajo

  • El intérprete deberá evaluar el tiempo que invertirá en la diligencia y advertirle al respecto a su cliente, ya que debido al proceso de interpretación lo normal es que ocupar el doble del tiempo que habitualmente exigen estos procedimientos.
  • Si la jornada será especialmente extensa o se abordarán asuntos de gran complejidad, se debe proponer la participación de dos intérpretes, para que se vayan relevando y apoyando.
  • Para esta interpretación es imprescindible una excelente técnica de toma de apuntes. Como apoyo, es conveniente solicitar la colaboración y una pantalla al taquígrafo, quien está transcribiendo en tiempo real todo lo que se diga en inglés para que conste en el acta.
  • El taquígrafo debe considerarse como un aliado clave, tanto si brinda acceso a la transcripción en vivo como si no. Si Ud. no entiende o no escucha una pregunta, puede pedirle que la repita.
  • Si el taquígrafo no habla español, anote en un papelito las palabras que puede desconocer y entrégueselo en una pausa. Ganará un amigo y, potencialmente, un cliente.
  • Si cada parte lleva su intérprete a la deposición, puede sugerirse que ambos trabajen en forma conjunta. Esto no es lo más recomendable, ya que algunos abogados usan la impugnación al trabajo de los intérpretes como táctica dilatoria. Para ello, le piden a “su” intérprete que alerte sobre cualquier error o diferencia en el trabajo del colega, lo que sin duda impide el trabajo en equipo.

INFORMACIÓN DE NUESTRA SOCIA:

Katty Kauffman

Socia COTICH n°139

Intérprete en ejercicio, especializada en el ámbito jurídico, aunque también brinda servicios en una amplia gama de rubros, desde la informática hasta la diplomacia. Ha prestado servicios a los organismos de las Naciones Unidas (ONU) y a la Organización de Estados Americanos (OEA). Ha sido intérprete de planta en el Tribunal Federal de Miami, EE.UU.

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¿Cliente sabelotodo?: Mejor educar al cliente

Hace unos años tuve que mandar a imprimir unos “folletos” en “papel de folleto”, llamé a la imprenta y pregunté cuánto salía. No recibí una respuesta inmediata. De hecho, tuve que responder muchas preguntas antes de siquiera llegar al precio. Resultó que no necesitaba un folleto sino un polidíptico (porque era una hoja que se doblaba en más de dos partes), el papel extendido tenía ciertas medidas, estaba impreso por anverso y reverso (o tiro y retiro), debía ser en papel couché de cierto gramaje y que la cantidad de colores influía en el precio.

Siempre recuerdo ese hecho cuando leo a traductores furiosos porque el cliente no sabe diferenciar entre traductor e intérprete, que cree que si sabes idiomas sabes traducir (incluido interpretar) o que cree que porque sabes un idioma puedes traducir a todos los idiomas.

Cuando un cliente llama y me dice que necesita un traductor, le hago varias preguntas. A veces lo dejo hablar y que me cuente lo que necesita, muchas veces lo que busca es un intérprete, le explico que cuando necesita que alguien le diga lo que otras personas está diciendo, entonces necesita un intérprete y que según el tipo de situación puede necesitar un intérprete simultáneo o un intérprete consecutivo. Lo derivo con la persona correspondiente, ya que yo no soy intérprete.

Otras veces sí necesitan una traducción y lo que quieren saber es el precio, pero no es tan fácil responder eso.

Lo primero que pregunto es de qué idioma a qué idioma; por alguna razón muchos clientes no sienten la necesidad de mencionar a qué idioma quieren la traducción (dan por sentado que las traducciones son al inglés), y no todos los traductores traducimos al inglés ni desde el inglés.

Otra pregunta importante es saber qué tipo de documento quieren que se traduzca. Muchos traductores nos hemos ido especializando en distintos temas, y muchas veces necesitan traductores específicos, por ejemplo, en los ámbitos de traducciones médicas, legales, certificadas, técnicas, etc. Esta pregunta es un poco complicada y hay que guiarla un poco. El cliente no tiene por qué saber de tipología textual y del famoso Skopo. Entonces hay que preguntar de qué se trata el documento, para qué lo va a usar, para qué necesita la traducción, quién la va leer. Una pregunta lleva a otra.

De todas formas, muchas veces lo mejor es pedirle al cliente que nos mande el documento, porque al verlo podemos observar más cosas: ¿Tiene texto en las imágenes? ¿Se deben traducir las notas de la presentación de PowerPoint? ¿Los botones que aparecen en el manual estarán traducidos en el programa o en la máquina? El documento nos abre un amplio espectro de posibles preguntas. Yo sugiero algunas cosas, al cliente hay que presentarle soluciones, no solo problemas y preguntas. Debemos recordar que nosotros somos los profesionales, sabemos lo que se hace habitualmente y podemos proponerlo.

Ahora, viene una pregunta de peso ¿para cuándo lo necesita? Por una extraña razón, la gente normalmente no incluye el proceso de traducción en sus actividades. Entonces, se dan cuenta en el último momento que necesitan presentar la propuesta traducida mañana, que los contratos deben estar en los dos idiomas o que los documentos para la beca deben estar listos hoy. Es labor de los traductores explicar que una traducción toma tiempo, que incluso una frase suelta de un eslogan puede tardar más que una carta. Existen ciertas métricas, pero hay otros factores, como compromisos anteriores, dificultad, falta de contexto, otras traducciones en curso, vida. Todo esto sirve para explicarle al cliente cuánto tarda el proceso traductor. Las métricas dicen que traducir una página de 300 palabras toma una hora, más o menos. La traducción es un proceso mental, que requiere concentración y muchas horas de concentración, agotan. Además, debemos escribir la traducción, y eso puede llevar a nuestro cuerpo a un gran esfuerzo físico. No son poco comunes los dolores de espalda, cuello, antebrazo, codo y manos entre los traductores; la vista es otro factor. Así que el cliente debe entender que somos personas y no máquinas.

Y entonces, recién, llega el momento de la verdad, el precio. Y sí, muchos clientes se sorprenden inicialmente del precio, porque normalmente no lo tienen considerado en el presupuesto, porque muchas veces no se dan cuenta de la importancia de una buena traducción, porque muchas veces no es suficiente alguien que “hable el idioma”.

No siempre este cliente acepta nuestra cotización, no estaba en su presupuesto, no estaba en el plazo, pero si hicimos bien la labor, este cliente, la próxima vez que necesite una traducción, tendrá más claras muchas cosas, como yo, cuando cotizo polidípticos, trípticos o bidípticos.

Información de nuestra socia:

Carla Mendoza

Socia COTICH n°117

Traductora de inglés – alemán al español

Trabaja en traducción y localización como traductora independiente. Tiene experiencia en traducción para la industria automotriz, minera, telefonía, electrónica, recursos humanos, microfinanzas.

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Memoria operativa e interpretación simultánea

La memoria operativa, conocida también como memoria de trabajo (del inglés working memory), es el sistema de memoria que permite mantener activa una cantidad limitada de información durante un período corto de tiempo y manipular simultáneamente esa u otra información. Por ejemplo, la memorización de un número telefónico. El concepto de memoria operativa se considera como una definición operacional de la Memoria Corto Plazo (Ruiz-Vargas, 2002). Luego de poner a prueba la hipótesis de la memoria de trabajo, a través de ejercicios de doble tarea en los que se les solicitaba a los sujetos realizar dos tareas concurrentes de recuperación, razonamiento, aprendizaje o comprensión, Baddeley (1998) llegó a la conclusión que la memoria operativa no presentaba sólo un almacén a corto plazo, sino que estaba compuesta por diversos subsist  emas o almacenes, cada uno encargado de un aspecto en particular y que son los que, finalmente, permiten la division de las tareas.

Estos subsistemas se detallan a continuación:

1) Ejecutivo central, que cumple la función de control de los procesos.

2) Bucle fonológico, que desempeña una función de almacenamiento y repaso a nivel verbal.

3) Agenda visoespacial, que cumple la función de almacenamiento y repaso a nivel visual.

De los tres subsistemas, el que resulta de mayor importancia para la interpretación es el bucle fonológico, ya que es el encargado de la codificación del lenguaje en la memoria a corto plazo. Posee dos componentes; un almacén fonológico que permite retener información básica basada en el lenguaje y un proceso de control articulatorio relacionado con el habla interna. La evidencia obtenida por Baddeley (1998) demuestra que las huellas de memoria en el almacén fonológico se desvanecen rápidamente y resulta imposible recuperarlas después de uno o dos segundos. Sin embargo, esta huella de memoria puede reactivarse por un proceso de lectura de la misma dentro del proceso de control articulatorio. Para demostrar la existencia del bucle fonológico, el experto centró su atención en realizar diferentes experimentos relacionados con el lenguaje para estudiar los diversos efectos de algunos problemas concretos en los procesos de memoria que son evidencia clara de la presencia del bucle. Entre estos efectos están los de similitude fonológica, en los que se señala que “el almacén se basa en un código fonológico; por lo tanto ítems similares tendrán códigos similares. El recuerdo requerirá discriminar entre las huellas de memoria. Las huellas similares serán más difíciles de discriminar dando lugar a un nivel inferior de recuerdo” (Baddeley 1998:62). Otro efecto es el del habla no atendida, que indica que si un sujeto escucha a otro hablando aunque intente no prestarle atención, el nivel de comprensión o razonamiento resultará perjudicado por este hecho. También está el efecto de la longitud de las palabras, que demostró que los sujetos recuerdan con mayor facilidad palabras cortas o con una menor cantidad de fonemas que palabras largas y que presenta una correlación entre la velocidad de habla y pronunciación de un sujeto y la capacidad de memoria. Finalmente está el efecto de supresión articulatoria, que señala que el funcionamiento del bucle se ve afectado si le pide a un sujeto que pronuncie una serie de ítems simultáneamente con la realización de otra tarea, ya que la pronunciación manifiesta domina el proceso de control articulatorio.

La memoria operativa es de especial importancia para el estudio de la interpretación simultánea, ya que desempeña un rol fundamental en los procesos que en ella ocurren. Podemos deducir que son las habilidades de memoria y atención, ambas de capacidad y recursos limitados, las que soportan una mayor carga y esfuerzo durante el proceso interpretativo, ya que el intérprete debe ser capaz de mantener, de forma casi inconsciente, un control y equilibrio de sus recursos mentales (Padilla, Benítez y Bajo, 1998). Esto se debe principalmente a que el intérprete, como ejecutor único de esta compleja actividad mental, realiza múltiples tareas mentales concurrentes, que Gerver (1971 en Pöchhacker, 2005) precisó de la siguiente manera: el intérprete recibe y atiende una unidad de sentido, también denominada frase preposicional o chunk, y comienza a traducir mentalmente y a formular verbalmente esa unidad de sentido (1). Al mismo tiempo, recibe y atiende una nueva unidad de sentido (2) mientras está aún ocupado en la vocalización de la unidad de sentido anterior (1), de manera que el intérprete debe poder retener la unidad 2 en la memoria antes de comenzar la interpretación; mientras formula la unidad 2, recibe unidad 3, y así sucesivamente.

El modelo de esfuerzo de Gile (1999) señala la necesidad de equilibrio de las capacidades mentales en los procesos de interpretación. Este modelo destaca la división en los procesos de atención y los esfuerzos realizados por la memoria dejando en claro que ninguno de los dos es involuntario y que el intérprete potencia estos no sólo ante las dificultades del discurso, sino que también ante la dificultad grammatical añadida que significa interpretar entre distintas lenguas. El autor, además, parte de la base que los errores en interpretación provienen de una serie de dificultades como son la velocidad del discurso, presencia de términos técnicos, cifras, palabras confusas, mala pronunciación, entre otros, todos aspectos que se pueden relacionar con las investigaciones presentadas por Baddeley (1998) y descritas previamente.

Lambert (1989) explica que somete a intérpretes de conferencias a tareas familiares de escucha, interpretación consecutiva, interpretación simultánea y shadowing, y mide la capacidad de retención de los intérpretes tras cada tarea. Los resultados muestran un mayor porcentaje de recuerdo tras la tarea de escucha y de interpretación consecutiva, las formas más profundas de procesamiento y en donde existe un mayor grado de focalización de la atención, un uso más consciente de la memoria y no hay presencia de tareas paralelas. Sin embargo, en los casos de interpretación simultánea o de shadowing, en los que la atención está dividida entre los procesos de escuchar y hablar, es decir, existe una doble tarea, hay un uso menos consciente de la memoria y por tanto se produce un procesamiento menos profundo de la información. El autor señala, además, que la memoria a largo plazo también está implicada de una manera activa en el proceso interpretativo, ya que supone una adición simultánea al material del almacén de conocimientos del intérprete extraídos de la recepción del mensaje y, al mismo tiempo, implica extracción de conocimientos pertenecientes al bagaje cultural almacenado. Daro (1989 en Padilla, Benítez y Bajo, 1998) señala que la buena ejecución de una interpretación simultánea depende de la habilidad que tenga el intérprete de controlar, diversificar y distribuir su atención en las diferentes tareas paralelas involucradas en los procesos interpretativos (escuchar, analizar, sintetizar y producir). Goldman-Eisler (1972), por su parte, afirma que la atención del intérprete se distribuye entre el mensaje de entrada (input) y su propia producción (output), pero que tiende a focalizarse de manera más consciente en el mensaje de entrada cuando éste es difícil de procesar. Lambert, Daro y Fabbro (1993 en Padilla, Benítez y Bajo, 1998) realizaron un estudio sobre la base del planteamiento de Goldman-Eisler (1972), cuyos resultados demuestran que los intérpretes pueden, si así lo desean, diversificar su atención en aspectos específicos del mensaje verbal de entrada, bloqueando cualquier interferencia de sonido o habla que pudiera ser perjudicial, de manera que si la atención estuviese focalizada conscientemente en una u otra tarea o mensaje, sería incluso perjudicial para la ejecución global de la interpretación.

Es así como un intérprete simultáneo bien entrenado debiese, según Padilla, Benítez y Bajo (1998) dividir su capacidad en dos niveles atencionales en la ejecución de la interpretación simultánea:

1. Nivel que requiere de mayor capacidad atencional, que es el de la recepción o

aprehensión del sentido (procesos controlados en la fase de escucha).

2. Nivel que requiere de menor capacidad atencional, que es el de la formulación

lingüística (procesos semiautomáticos en la fase de reformulación).

En base a lo mencionado anteriormente se puede concluir que el proceso de memoria, sobre todo la memoria operativa, es de vital importancia para los intérpretes simultáneos y que si bien se puede alcanzar un buen nivel de interpretación teniendo un alto nivel de memoria operativa y una competencia léxico-gramatical de nivel medio alto, no será posible alcanzar el mismo nivel de producción con una competencia léxico-gramatical alta y una baja habilidad de memoria operativa.

INFORMACIÓN DEL SOCIO:

Traductor e Intérprete en alemán, español e inglés egresado de la Universidad de Concepción con más de 5 años de experiencia en trabajo independiente y agencias en diversas áreas del conocimiento.

Socio COTICH Nº 211

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