Ingresé a la AGTS por allá por el año 1998, cuando Marlene Hyslop era su presidenta. Mi intención era compartir con “aquellos locos” que hablaban mi mismo idioma, la traducción y sus bemoles, pues yo trabajaba de manera dependiente, junto con muchas otras profesiones y oficios. Quería sentirme “en mi mundo”.
Participaba activamente en todas las actividades que organizaba el Directorio, porque creo que es la mejor forma de demostrarle apoyo a quienes entregan su trabajo y tiempo en beneficio de nuestra profesión.
Con el tiempo, me fui integrando un poco más cada vez, hasta que en la Asamblea de 2004, decidí postularme al Directorio, especialmente para cumplir con un compromiso que había asumido con dos socias de que cuando dejara mis responsabilidades como Vicepresidenta de Guías y Scouts de Chile, concentraría mi trabajo voluntario en la AGTS. Sin embargo, yo no sabía que cierto personaje, que desempeñaba el cargo de presidente en ese momento, tenía un plan muy armado para “pasarme la posta” en esa misma asamblea. De hecho, cuando iba llegando a la reunión, un socio de aquella época cordialmente me saludó: “Buenas noches, señora presidenta”. ¡Todavía ni siquiera habíamos hecho la elección de Directorio!
A partir de ese día, asumí el cargo de presidenta, que luego desempeñaría durante cuatro bienios, con ciertas intermitencias. Son muchos los años de trabajo en el Directorio, muchas las personas con las que he podido compartir, con las que he sufrido ante los problemas, pero también muchas con las que he gozado los logros que poco a poco hemos podido alcanzar. Entre ellos, puedo mencionar los dos hitos más significativos para mí, porque implicaron mucho trabajo para el equipo. En primer lugar, quiero mencionar el cambio de nombre de nuestra institución, desde Asociación Gremial de Traductores de Santiago a Colegio de Traductores e Intérpretes de Chile, considerando que implica la incorporación de los intérpretes, el aumento de la cobertura territorial y la elaboración y aprobación de un nuevo estatuto. En segundo lugar, se encuentra el afianzamiento de nuestra sede institucional, que significa tener una oficina que nos enorgullece y que, además, cuenta con estructura para un trabajo administrativo adecuado y un espacio, aunque pequeño, para reuniones y actividades de capacitación.
Como siempre he dicho, cada equipo, cada directorio, ha creado un peldaño más en esta escalera que lleva a COTICH hacia su desarrollo. Unos se preocupan de lo nacional, otros de lo internacional; unos de lo legal, otros de lo administrativo; unos se concentran en lo tecnológico, mientras que otros se preocupan de lo social; y así, cada directorio se preocupa de hacer crecer al Colegio en un área específica, dependiendo mucho de sus intereses y habilidades; pero todos, al final, solo quieren que nuestra profesión y nuestra institución se proyecten en el concierto nacional e internacional.
¡Larga vida al Colegio y mucha fuerza y sabiduría a los futuros Directorios!
Con gran afecto, María Eugenia Poblete P.